Su hijo murió a los 2 años. 25 años después recibe una llamada: “Mamá Soy tu hijo…”

Perder un hijo es el dolor más grande que una madre puede enfrentar, pero lo peor de todo es cuando no tienes ni un recuerdo, ni una imagen para ver su rostro.

María Mancia sufrió la pérdida de su pequeño de dos años y lo peor es que fue a manos de alguien a quien amaba con toda su alma…María Mancia vivía en California desde hacía varios años, llegó desde México a Estados Unidos para mejorar su calidad de vida, y ahí, conoció a Valentín Hernández, quien se convirtió en su esposo y juntos tuvieron un pequeñito a quien llamó Steve.

Las cosas iban muy bien, ambos trabajaban en diferente horario, para poder cuidar al niño, era un ritmo de vida muy exhaustivo, apenas podían sobrevivir y ni María ni Valentín pasaban suficiente tiempo juntos, fue entonces cuando él tuvo una idea que compartió con su mujer, regresar a México, así podrían tener más tiempo con Steve y ella no tendría que trabajar, o al menos eso era lo que Valentín pensaba, pero María sabía que les esperaba un mejor futuro en Estados Unidos. Cada día las cosas se ponían peor por el mismo asunto, hasta aquella noche, cuando María regresó a casa había un inquietante silencio…

Ella rodeo por toda la casa, y no encontró rastros de su marido ni de su hijo, pero su mundo se derrumbó al entrar a la recámara del pequeño Steve: ¡No había nada! Estaba completamente vacía, solamente había dejado los muebles y la cama, pero toda su ropa y sus juguetes, incluso las fotografías del niño, habían sido removidas de los álbumes, su pequeñito de un año, se había ido para siempre, y fue su propio esposo quien lo alejó de su vida.

La mujer denunció ante las autoridades el secuestro de su hijo, pero la investigación se complicó, pues no había ninguna fotografía con la cual se pudiera identificar al niño, pues el hombre se llevó absolutamente todo, de pronto María checó debajo del colchón del niño, encontró una vieja fotografía, estaba a blanco y negro, era de muy mala calidad, pero fue lo único que había quedado, aunque los investigadores no pudieron hacer bastante al respecto.

María se sentía traicionada, sola y confundida, no sabía a dónde pudo haber huído su esposo, aunque sospechó que Valentín llevaría al pequeño a México, pero no sabía a qué lugar iría, y sin evidencia, la policía no pudo hacer nada. Lograron contactarse con la familia de Valentín, pero ellos nunca llegaron a su destino, todos pensaban que ambos habían sufrido un accidente en el camino.

El tiempo pasaba, y aunque la madre nunca perdió la esperanza, las posibilidades de encontrar una pista sobre el paradero del niño disminuían cada día que pasaba. Todos los policías le decían que se diera por vencida, pues su hijo, jamás regresaría.

Todos los días, María rezaba a la virgen, mientras contemplaba con lágrimas en los ojos la única fotografía que había quedado de su pequeño hijo, pero el paso del tiempo era una eternidad, cada minuto ella esperaba que el teléfono sonara con alguna noticia de Steve, algo que jamás ocurrió. Pasaron los años y aunque el caso seguía abierto, algunos incluso, pensaron que el pequeño había muerto, pues había pasado mucho tiempo.

Cada año María, prendía una vela para el cumpleaños de su hijo, éste, era el número 25 y justo cuando se disponía a hacerlo, un milagro ocurrió, la llamada que tanto esperaba alegró el corazón de la mujer, era su hijo, quien con su voz cálida decía “Mamá, soy tu hijo…”

La policía le comunicó al joven el paradero de su madre y ambos arreglaron la reunión después de 25 años.

Al llegar al aeropuerto y luego a la estación de policía, vio a un joven de 25 años de edad, muy parecido a su padre, la mujer no podía creerlo ¡Era su hijo! aunque el tiempo hubiera transcurrido, ella seguía viendo esos inocentes ojos que le decían “mami” cuando quería ir a sus brazos, pero las autoridades insistieron en hacer una prueba de ADN, la cual, como dijo María desde el principio, solamente comprobó que eran madre e hijo. ¡El milagro había ocurrido!

Tenían mucho de que hablar, incluso la versión del joven sobre lo que pasó realmente aquel día en que fue secuestrado por su propio padre, pero por el momento, lo que más importaba para él, era recuperar el tiempo perdido y estar con su familia para siempre.

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